Gracias Dios por ti, por lo que tú eres.
Gracias por personarte en Jesucristo.
Gracias porque en Él tu perdonas a todo el que se acerca a ti con arrepentimiento al hecho de la cruz.
Gracias porque tu no salvas por obras, sino PARA obras.
Gracias porque en tu Espíritu Santo transformas vidas para la eternidad.
“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” Juan, 3:17