Aunque la Biblia es el libro de los libros, no es una poción mágica con la cual uno pueda pensar que leyéndola una vez al día el diablo lo dejara tranquilo.
Nada de eso, es otra cosa  mucho más importante. Es para crecer leyéndola, confiar creyéndola y amarla obedeciéndola. Todo un reto para cualquiera