“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.
Oh alma mía, dijiste a Dios: Tú eres mi Señor; no hay para mi bien fuera de ti” Sal, 16:1-2
Pedir al Señor que nos guarde es pedirle protección, que nos cuide, es confiar en alguien que no nos defraudara.
También es entregarle toda nuestra vida, lo espiritual, lo físico, nuestras emociones…
Es vivir en esperanza ¿ necesitas tú, un Señor así?  Ves a Cristo, Él es el Señor.